
Por Lisandro Pérez.
Un clamor se deja escuchar en lo alto del monte.
Un destello se deja ver como el candelabro sobre la mesa.
Un ejército armado de valentía y misericordia divina; batalla incansablemente.
Un ejército que enfrenta la tribulación con su propia mortificación.
Un ejército del señor que marcha en caravana; y como punta de flecha de éste se encuentra la cruz gloriosa.
Ha comenzado un nuevo tiempo, ha nacido la nueva naturaleza del hombre; naturaleza celeste que ya se prepara para una primera muerte (la del cuerpo), no obstante, soslaya y no comulga con la última muerte, (la del alma). Asimismo, el hombre se prepara para la vida celeste que se comienza a vivir, aquí en la Tierra.
Un destello se deja ver como el candelabro sobre la mesa.
Un ejército armado de valentía y misericordia divina; batalla incansablemente.
Un ejército que enfrenta la tribulación con su propia mortificación.
Un ejército del señor que marcha en caravana; y como punta de flecha de éste se encuentra la cruz gloriosa.
Ha comenzado un nuevo tiempo, ha nacido la nueva naturaleza del hombre; naturaleza celeste que ya se prepara para una primera muerte (la del cuerpo), no obstante, soslaya y no comulga con la última muerte, (la del alma). Asimismo, el hombre se prepara para la vida celeste que se comienza a vivir, aquí en la Tierra.
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