viernes, 14 de septiembre de 2007

El vino, bondades v/s vicitudes


Por Lisandro Pérez.

Bello y tierno fruto de la tierra, tu que eres gracia y bebida excelsa de los dioses de la mitología griega y romana. Ven a saciar mí sed humana, ven a embriagarme con tu sabor a uva madura, ven a seducirme con tu color a chocolate rojizo.
Muchas veces eres engaño del demonio, cuando te disfrazas con tu manto rojo de efímera felicidad.
Amargo y dulce muchas veces te posicionas en el centro de la mesa, para celebrar el domingo.

La gente te relaciona con fiesta y desenfreno, sin embargo ambas cualidades no son un sinonimo.
Es agradable ver que eres un producto de la naturaleza, que convoca y une a la gente para que esta celebre y disfrute del arte del dialogo. No obstante, es odioso y desagradable ser testigo de que eres motivo de discordía, violencia, esclavitud y sufrimientos.

En la calle la gente te mira con desprecio, porque eres causa de enfermedad, delito y perdición, pero yo creo que eres festividad y duelo, según la intención del corazón.

Me siento frente a un vaso de esta vapuleada y vitoreada bebida, y me cuestiono tu génesis, lo que me traslada hacia el fruto de la vid, el rácimo de uva me mira y me dice que es criado bajo sol y sombra, donde su cuerpo madura y muchos miembros envejecen.

Los dedos que mecen las teclas


Por Lisandro Pérez.

Lo he decidido, esta vez no escribiré cosas que no pertenezcan a mi historia de vida, a mi propia realidad cotidiana, es que me hastiaron los cuentos teóricos de clases, me da rabia y pena valerme de los conocimientos de salón, lo reconozco generalmente no soy muy ocurrente. Ahora creo que el hecho de escribir, tiene que ser libre, no forzado, espontáneo, no fingido, es decir, si tengo ganas de escribir, lo hago y con ganas, de lo contrario no escribo na’. No obstante, que ocurre en los momentos que no tengo deseos de escribir, ni tampoco tengo ideas que comunicar, es realmente un vacío angustioso, del cual uno se esfuerza por transmitir algo productivo, sin embargo, te encuentras en una sequía literaria asquerosa. Es así como, provoca dolor el estar en medio de este desierto, pero ahora meditando detenidamente considero que es necesario sufrir un poquito para añorar y darle un real significado a los oasis que se producen en éste.
Luego, de este triste episodio narrativo. Los dedos que mecen las teclas, nos indican algunas recomendaciones para escribir cosas coherentes y productivas

1- Primero que todo, se sugiere tener un lápiz o pluma y un cuaderno.
2- Apertréchese de un arsenal de buenas ideas.
3- Sea usted mismo, no sea un weón copión.
4- Lea un buen libro, que sea pertinente a lo que desea escribir le será de gran utilidad.
5- Empiece escribiendo lo que nace de su cotidianidad.
6- Escriba algo irrisorio.
7- Hágase acompañar de un buen cafecito, ya que, activa las funciones del cacumen.
8- Es necesario ser flexible, paciente y tener buena disposición, sino va a andar como las weas y no va escribir cosas productivas.
9- No coma mucho chocolate, mientras escribe, puesto que produce ansiedad.
10- Sea un buen observador y registre los sucesos.
11- Concéntrese y mentalícese.
12- Esfuercese un poquito, sea creativo y original.
13- Observe el detalle, sea analítico, fíjese en eso a quien nadie presta atención.
14- Escribir es un arte y un placer, téngalo siempre presente.
15- Nunca crea que sus escritos son los mejores, ya que pueden ser las weas más pencas, sea humilde.
16- Si tiene un computador disponible para escribir, bienvenido sea.
17- Se sugiere que trabaje con música clásica, es relajante.
18- No tenga miedo equivóquese, tírese varios piqueros a la piscina.
19- Sea preguntón con usted mismo y con los demás.
20- Sea perseverante y escriba harto.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Un grito de esperanza


Por Lisandro Pérez.

Un clamor se deja escuchar en lo alto del monte.
Un destello se deja ver como el candelabro sobre la mesa.
Un ejército armado de valentía y misericordia divina; batalla incansablemente.
Un ejército que enfrenta la tribulación con su propia mortificación.
Un ejército del señor que marcha en caravana; y como punta de flecha de éste se encuentra la cruz gloriosa.

Ha comenzado un nuevo tiempo, ha nacido la nueva naturaleza del hombre; naturaleza celeste que ya se prepara para una primera muerte (la del cuerpo), no obstante, soslaya y no comulga con la última muerte, (la del alma). Asimismo, el hombre se prepara para la vida celeste que se comienza a vivir, aquí en la Tierra.