lunes, 21 de enero de 2008

Aquaman junnior


Cuando tenía aproximadamente entre 4 ó 5 años, un día del fin de semana salí con mis padres de paseo familiar, el cual fue en la pega de mi papá. Eran los típicos encuentros recreativos que hacían los marinos, a éstos invitaban a sus señoras e hijos. Este día de diversión, fue genial y se desarrolló en el lugar que se localizaba la base aeronaval del Belloto, ahora en ese sitio no existe dicha repartición naval, si no, que existen varias poblaciones, un súpermecado y centro comercial.

La base estaba adornada de pelos, tenía muchos stands de competencias, onda como los siguientes: competencias de autitos, la pesca milagrosa, entre otras picá. Al ver todo esto mi emoción fue sublime, me encontraba en el olimpo, ya que existían todos los ingredientes para la conjugación perfecta, éstos eran: niños y niñas (potenciales amiguitos), solcito (el tiempo me favorecía, había mucho calor), juegos (los grandiosos stands) y mi tenida dominguera topísima (esa que te obligaban a ponerte todos los domingos en la mañana).

Luego de esta eufórica primera impresión, mis ojos se dirigieron directamente hacia el stand de la pesca milagrosa; al instante de forma desesperada le pedí a mi padre una caña de pescar (de esas de mentira, o sea de juguete) y me dispuse a realizar la gran pesca de mi vida, si en estos momentos estaba muy concentrado, era yo, la caña y maldito pez de madera que se arrancaba a cada rato de ésta. Mis incipientes niveles para soportar la frustración, ya empezaban a llegar a sus límites. Si era verdad ya no lo toleraba más, en efecto en un acto de arrebato lance la caña lejos de mi presencia y me tire uno de los mejores piqueros de mi vida en aquella pequeña piscinita (me creía una especie de mini aquaman, yo era todo un súper-héroe), si damas y caballeros me había lanzado con ropa y todo en ese pequeño estanque de agüita. La emoción y alegría de aquel momento fue máxima para mí, un pequeño infante que tenía en mis manos el pececito que tanto anhelaba.

No obstante, la impresión de mi papá no fue la más agradable que digamos, ya lo había hecho enojar. Inmediatamente, mi progenitor llegó al lugar del suceso y “me tomó de un ala”, es decir, de un brazo para sacarme de la piscina y arrebatarme mi escueto instante de gloria. Posteriormente, me retaron mis dos papás y me hicieron pasar vergüenza frente a todo el público presente. De verdad, yo no comprendía muy bien porque chucha me estaban retando, solo sabía que mi pequeño momento de felicidad desapareció.

Para finalizar, ese día no comimos pescado, parece que nos servimos carne asada.

El mismo archivo en formato Pdf, lo puede encontrar en documents.scribd.com/docs/txw2er56ogr997kitn8.pdf

1 comentario:

Unknown dijo...

Hoy al llegar al trabajo, abro mi correo y me encuentro con tu flog, que tanto me habias hablado y la verdad esta bastante bueno, aunque me falta leerlo más.
Respecto a tu historia, me parece anecdotico y visto de un punto de vista de la inocencia de esos dias en nuestras mentes, ya que se presenta una visión totalmente agena a los hechos que aconteciasn en aquellos tiempos en esa base, la cual ha estado en el tapete contongencial por sus grandes tiendas, proyectos inmobiliarios que le cambiaron el rostro ha ese peblito llamado belloto. Pero poco y nada se hace referencia al pasado de aquel lugar, sabido por pocos o no creido por muchos, aquel lugarfue por años una base naval, donde los actos de tortura no quedaron indiferentes a la población que lo rodeaba. Aún recuerdo cuando pequeño, la gran aventura era llegar a la base en bicicleta, donde al pasar los milicos con sus ametralladoas estaban en sus alrededores y cualquier indicio de acercarte mas de lo permitido, ellos reaccionaban como verdaderos perros, ladrandote e invitandote a que te retiraras. Siendo sus calles aledañas , lugares públicos, ellos tenian la facultad de impedirte el libre circular (estoy hablando de los años 89 y 90 , tiempo de transición a la democracía). Esa tradición de la aventura a la base, venía practicandose desde mis hermanos mayores y vecinos, era la gran aventura.
Por otro lado, muchas veces escuche lo que lagunos observaron y no pudieron contarlo a quienes correspondian, aludiendo a que en ese lugar se torturaba gente, gente enterrada hasta el cuello, donde estos militares les orinaban sus caras, entre algnas torturas.
Si bien el tiempo pasa, los lugares cambian e incluso la situación politica social cambia, lo que jamás cambiara seará el recuerdo de esos misterios, que desde nuestra infancia fueron abriendo de poco nuestros ojos y poder ver más allá del horizonte.

saludos amigo, un abrazo, espero que cuando leas mi comentario sea un aporte a tu log, nos vemos perrilla.

Nicolas Castillo.